(Viene de la entrada anterior)
La brevísima línea de diálogo en “Star Wars” (1977) en la que Obi-Wan le dice a Luke que había combatido en las Guerras Clon, se convirtió, durante 25 años, en el "Santo Grial" del folclore de Star Wars. Esa sola frase, pronunciada con nostalgia y peso histórico, fue el detonante de una de las especulaciones más fértiles en la historia de la cultura pop. Sin existir todavía internet, durante las décadas de los 80 y 90, los fans manejaron teorías de todo tipo en convenciones y fancines. Muchos especularon que los clones eran los enemigos de la República, un ejército de malvados engendros creados por una oscura tecnología. Otros imaginaron que los clones eran soldados al servicio de un dictador galáctico que intentó usurpar el trono, y que los Jedi fueron llamados para sofocar esa rebelión. Otra teoría sugería que los clones habían sido una fuerza de paz que, tras ganar la guerra, se volvió contra sus maestros Jedi por una programación oculta (una intuición profética de lo que ocurriría con la Orden 66).
El problema
para los fans era que George Lucas, en 1977, no tenía escrit
a una Biblia de la
saga. La mención de las "Guerras Clon" era un elemento casual
destinado simplemente a aportar textura al pasado de Ben Kenobi y presentarlo
como veterano de una gran contienda épica, al estilo de un caballero que
regresa de las Cruzadas.
Pues bien, años antes de que Lucas decidiera retomar la saga para la Trilogía de Precuelas y construir toda una mitología política a partir de esas dos palabras, Timothy Zahn ya había aportado una explicación en "El Resurgir de la Fuerza Oscura" (1992), la segunda entrega de la Trilogía de la Nueva República, también conocida como Trilogía de Thrawn.
El
descubrimiento de Luke de que Thrawn tiene acceso a una ya antigua tecnología
de clonación (los cilindros Spaarti) oculta por el Emperador en los almacenes
de un alejado planeta, así como indicios adicionales de que el demente Maestro
Jedi Joruus C'baoth es un clon,
constituyeron un final en punta para la novela
precisamente porque los clones eran una parte importante, aunque inexplorada,
del universo de "Star Wars" en aquel entonces.
Pero el núcleo de la historia no son los clones, sino la carrera entre el Imperio y la Nueva República por hacerse con la Flota Katana, también conocida como la Fuerza Oscura. Se mencionó ya de pasada su importancia en “Heredero del Imperio”, pero aquí cobra el absoluto protagonismo a partir de que el contrabandista Karrde le cuenta a Mara la historia de una flota de la Antigua República, cuyas doscientas naves estaban todas conectadas en el salto hiperespacial y que, al entrar en él, se perdieron. Se trata de un numeroso contingente que puede cambiar el equilibrio de fuerzas entre el Imperio y la Nueva República, por lo que las pocas personas que accidentalmente averiguaron su paradero, se convierten en jugadores clave y buscados por ambos bandos.
Hay que admitir
que el autor fuerza bastante la narración en la subtrama de Han y
Lando para
conducirlos hacia el misterio de la Flota Katana. Además de Karrde, hay otra
persona que conoce la localización de las naves (un tal capitán Hoffner, aunque
nunca llega a intervenir directamente en la trama). Los dos excontrabandistas se
reúnen con un antiguo peso pesado de la Rebelión, el senador coreliano Garm Bel
Iblis, quien, tras años de desencuentros con la líder del movimiento, Mon
Mothma, desapareció del mapa y se le dio por muerto. Sin embargo, siguió la
guerra contra el Imperio por su cuenta y ahora quiere reincorporarse a la República
jugando la baza de contar con algunas naves que originalmente formaron parte de
la Flota Katana.
Además, Luke
investiga a Jorus C’baoth (sin saber que el C’baoth actual es un clon) en la
Antigua Biblioteca del Senado y aprende mucho sobre su entrenamiento Jedi,
considerando lo poco que sabe de la historia de su propia familia. (No es
necesariamente un fallo argumental. Se podría suponer que los registros de la
Antigua Biblioteca del Senado sobre los Jedi son más generales, por lo que
podrían incluir información b
ásica sobre Anakin Skywalker, Obi-Wan y Yoda a la
que Luke sí tiene acceso. Sin embargo, la información más relevante sobre
Anakin -la que le daría a Luke una idea clara de cómo era su padre- se
encontraría en los Archivos Jedi, y estos habrían sido destruidos durante la
toma de los edificios y archivos gubernamentales de Coruscant por parte del
Imperio).
Finalmente, Leia, al investigar las condiciones del planeta nativo de los Noghri, Honoghr, desde hace décadas bajo dominio imperial, se da cuenta de que la vegetación de ese mundo fue exterminada no durante la Rebelión, sino durante las Guerras Clon, lo que la lleva a descubrir que el Imperio ha estado envenenando el planeta en lugar de repoblarlo. “Cuarenta y cuatro años”, exclama Leia con incredulidad. Al igual que en “Heredero del Imperio”, Zahn trabajaba con información errónea, proporcionada por Lucasfilm, sobre la cronología de las Guerras Clon. Por lo tanto, todas sus fechas para ese conflicto son unos diez años anteriores a las que luego se dirían correctas.
Todo culmina en
un desenlace lleno de acción en el que la Nueva República y el
Imperio compiten
por adquirir la Flota Katana.
Con “El Resurgir de la Fuerza Oscura” Zahn profundiza notablemente en la era de las precuelas, y tiene no poco mérito que lo haga sin contradecir demasiado lo que luego Lucas nos contaría en las películas de la segunda trilogía (y, cuando sí cae en una incoherencia, resulta muy interesante ver en qué aspectos difieren ambas versiones). Aquí, por ejemplo, descubrimos que Mon Mothma fue una de las fundadoras de la Rebelión, aunque los detalles no coinciden exactamente con la novelización de “La Venganza de los Sith” (Matthew Stover, 2005), en la que Padmé participa en los inicios del movimiento; ni con los acontecimientos de “El Poder de la Fuerza” (Sean Williams, 2008), donde Darth Vader conspira contra el Emperador. En cambio, Zahn nos cuenta que hubo tres grupos de resistencia, en principio independientes, que se unieron para formar la Alianza Rebelde, formalizándola en el Tratado Corelliano. Mothma se convirtió en la figura principal, mientras que Bail Organa y Bel Iblis quedaron relegados a un segundo plano.
Ade
más de la
carrera por encontrar la flota Katana, ocurren muchas otras cosas en esta
novela. Luke es capturado por Jorus C'baoth, y Talon Karrde por Thrawn. Mara
Jade, a pesar de que lo odia, decide liberar a Luke para que él, a su vez, la
ayude a hacer lo mismo con Karrde. Mientras tanto, la Nueva República está
desgarrada por las disputas. Un general Bothan, Borsk Fey'lya, conspira contra
Ackbar para hacerse con el mando y no queda claro si le mueve la pura ambición
o si es el espía a sueldo del Imperio que está consiguiendo que la República se
desangre. A pesar de que Mon Mothma necesita desesperadamente los recursos y
habilidades de Bel Iblis, éste se hace el difícil. Por su parte y cargando en
su vientre con los gemelos que espera de Han, Leia consigue poner de su parte a
los Noghri –que la reconocen como Lady Vader-… La política galáctica y las
intrigas y luchas de poder en uno y otro bando son la esencia de “El Resurgir
de la Fuerza Oscura”, hasta tal punto, de hecho, que resulta difícil no ver aquí
similitudes temáticas con las posteriores precuelas cinematográficas, en
especial “El Ataque de los Clones”.
“El Resurgir de
la Fuerza Oscura” se adentra con audacia en la era de las precu
elas a través de
la recuperación del uso de los clones como fuerza militar, la presentación de
un antiguo Jedi y referencias a las Guerras Clon. Estos factores fueron los que
la convirtieron en una lectura fascinante en 1992 y en una curiosidad tan
interesante hoy en día. Si bien algunos detalles han quedado obsoletos o
incoherentes, no son nada lo suficientemente grave como para estropear el flujo
y disfrute de la historia. Zahn entiende que la Antigua República se convirtió
en el Imperio, una información que se remontaba al inicio de la novelización de
“Star Wars”. Sin embargo, el gran giro argumental de “El Ataque de los Clones”
-que los clones lucharon del lado de la Antigua República, no contra ella- fue
posible gracias a una suposición errónea de muchos fans… que Zahn no comete. De
hecho, los codiciados cilindros de clonación Spaarti de Thrawn se almacenan en las
instalaciones secretas del Emperador.
También resulta
intrigante que los clones, en palabras de Zahn, “resultaran extraños para la
mente de Luke”. No recuerdo que esta idea se haya explorado jamás en las
ficciones cen
tradas en las Guerras Clon, donde los generales Jedi trabajan
estrechamente con sus clones. Claro que esto no es necesariamente una inconsistencia,
porque luego quedó claro que los clones de Kamino no son iguales a los de
Spaarti. Se trataba de dos proyectos distintos de Palpatine y, presumiblemente,
la tecnología de Kamino era superior.
Siendo el
segundo libro de una trilogía, “El Resurgir de la Fuerza Oscura” carga con el
inconveniente de ser una historia que ni comienza ni termina, continuando lo
presentado en la primera novela y sentando las bases para el desenlace de la
tercera. Esto la priva de contar con una entidad propia y diferenciada. ¿Es
esto culpa de Zahn? Bueno, técnicamente sí, pero, en realidad, este segundo
libro es más bien víctima del éxito de la primera novela. En “Heredero del
Imperio”, el autor había logrado presentar el universo de Star Wars como un
mundo de ciencia ficción más realista y manejable, con su propia logística y
reglas, no solo para las naves espaciales, sino también los personajes o la
misma Fuerza. El problema radica, además de en la obligatoriedad de estirar la
trama para dividirla en tres n
ovelas, en que Zahn debe ceñirse a sus propias
reglas y describir con más detalle lo que en las películas se pasaba por alto
rápidamente, lo cual ralentiza un poco el ritmo. Por eso y en aras de disfrutar
esta aventura, lo mejor es considerar la Trilogía de la Nueva República como
una historia completa y no preocuparse demasiado por las fortalezas y
debilidades individuales de cada libro.
La versión en cómic contó con el guion de Mike Baron y el arte de Terry Dodson entintado por Kevin Nowlan.
(Finaliza en la siguiente entrada)

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