lunes, 1 de junio de 2026

1942- EL DESCUBRIMIENTO DEL DOCTOR BRANDE – Victor Aguado

 


El mundo de la historieta de CF española es tan amplio como desconocido y en él pueden encontrarse anomalías fascinantes que desafían los tópicos de su época. Una de ellas fue una muy breve serie de tres cuadernillos publicada por Hispano Americana de Ediciones y titulada “El Descubrimiento del Doctor Brande” o “Las Aventuras del Doctor Brande”, muestra de que en la posguerra sí surgieron tebeos con ambición y calidad. Aunque en su momento quedó inconclusa, hoy está considerada una obra muy relevante del comic patrio y uno de los mejores, si no el mejor, cómic de anticipación y aventura espacial de toda la producción española de la época.

 

La publicación de la obra se sitúa en una horquilla temporal entre 1942 y 1943, un momento especialmente sombrío de la historia española y europea. España se encontraba sumida en la durísima posguerra civil, bajo los primeros años de la dictadura del general Franco, en un periodo en el que el régimen mostraba una fuerte sintonía estética y política con los totalitarismos fascistas de Benito Mussolini y Adolf Hitler, en el marco de una Europa devastada por la Segunda Guerra Mundial.

 

Este clima sociopolítico se filtró de manera inevitable en el trasfondo de la historieta. La acción de “Doctor Brande” transcurre en el lejano año 2325, un futuro en el que la Tierra está regida por un único gobierno global rígidamente dividido en tres grandes estados basados en la segregación racial: uno para la raza blanca, otro para la negra y un tercero para la amarilla. Una distopía, en fin, de estados raciales puros -claro reflejo de las aspiraciones geopolíticas y teorías raciales que el fascismo y el nazismo pretendían implantar en la Europa de los años cuarenta.

 

La trama arranca con el Doctor Brande, un eminente y canoso científico que, desde su laboratorio en la Tierra, logra un avance tecnológico sin precedentes: conectar con otros mundos a través de un sofisticado aparato de televisión interplanetaria. Al sintonizar el espacio, el doctor y sus jóvenes acompañantes (los verdaderos héroes de acción de la historia, de aspecto atlético y vestiduras que combinan la estética futurista y medieval muy al estilo del Flash Gordon de la época) descubren un conflicto a escala cósmica. El gran antagonista es Tarrano, un tirano implacable procedente de Venus que ha logrado conquistar gran parte del sistema solar y mantiene bajo amenaza al planeta Venia (una traslación del planeta Marte o de facciones espaciales libres). A partir de ese descubrimiento, los protagonistas se ven envueltos en una lucha desesperada para frenar los planes de dominación del villano y liberar a los pueblos oprimidos, alternando intrigas palaciegas espaciales, tecnología futurista y combates cuerpo a cuerpo.

 

Aunque se desconoce la identidad del guionista que adaptó la historia (este tipo de omisiones eran habituales en los tebeos de la época, acreditándose tan solo al dibujante), el argumento es una versión libre de la novela “Tarrano el Conquistador”, escrita en 1925 por el autor estadounidense Ray Cummings, antiguo asistente de Thomas Edison y pionero de la literatura pulp de CF. Esa obra había tenido un cierto impacto temprano en España cuando fue traducida y publicada en los años previos a la Guerra Civil por la mítica colección “Novelas y Cuentos”. Fue una de las escasísimas epopeyas espaciales a las que tuvo acceso el lector español de la preguerra.

 

Pese a beber de estas fuentes literarias y de seguir formalmente la estela de las grandes aventuras espaciales americanas que habían fascinado al público español a través de las planchas del “Flash Gordon” de Alex Raymond (publicadas en la revista “Aventurero” de la editorial El Gato Negro), “El Descubrimiento del Doctor Brande” se distancia conscientemente de la space opera más ingenua y aventurera. Es, de hecho, una historia pausada de tintes apocalípticos.

 

En el apartado visual, la obra destaca por una madurez conceptual asombrosa. La estética arquitectónica y el diseño de los escenarios futuristas que el dibujante, Víctor Aguado, plasma en los fondos apuntan a inspiraciones tanto del mencionado Raymond como apuntes tomados de la CF cinematográfica que se hacía en Gran Bretaña por entonces, concretamente la muy influyente “La Vida Futura” (1936), monumental película dirigida por William Cameron Menzies, producida por Alexander Korda y basada en la obra de H.G. Wells. Aguado introduce en sus páginas edificios, estructuras civiles, puentes y estructuras grandiosas de líneas puras y monumentales, muy inusuales en el tebeo español de consumo popular de aquel entonces.

 

Víctor Aguado Soria fue un ilustrador catalán de extraordinaria calidad técnica cuya producción en el mundo de la historieta fue, lamentablemente, muy escasa, siendo estos tres cuadernillos de formato horizontal su incursión más brillante y recordada. Aguado fue un todoterreno de las artes gráficas que ejemplifica a la perfección cómo sobrevivían los dibujantes de la época, oscilando entre el trabajo autónomo realizado en domicilio y los departamentos de publicidad corporativa. Aguado realizó catálogos de moda, anuncios publicitarios, cartelería, propaganda política durante la guerra, ilustración de cuentos infantiles y portadas de novelitas populares, recetarios gastronómicos, libretos de zarzuelas, dibujos técnicos para manuales prácticos, de divulgación y deportivos, diccionarios…

 

“Las Aventuras del Doctor Brande”, por tanto, no fue sino un encargo más con el que ganarse la vida. La vocación de Aguado era el dibujo y la ilustración más que la narrativa gráfica, un arte éste, además, peor pagado e incierto. De hecho, la escasez de papel de la posguerra y las estrictas directrices de la censura -que miraba con lupa cualquier contenido en la ficción puramente de evasión que no encajara con los valores del régimen- dificultaban enormemente la continuidad de colecciones que no fueran éxitos rotundos e instantáneos. Una vida efímera: Debido a estas dificultades y probablemente a una recepción comercial discreta en su momento, la serie se canceló abruptamente tras solo 3 números.

 

Hoy, sin embargo, sirve de testimonio de cómo un creador polifacético y de sólida formación gráfica pudo volcar toda su experiencia acumulada en una diversidad de formatos y estilos para dar vida a una obra de ciencia ficción única que hoy forma parte de la historia de la cultura popular española y que sirvió tanto de reflejo de la mentalidad de una época como escaparate de imaginación vanguardista, elegancia arquitectónica y audacia temática.

 

 

 

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