El mundo de la historieta de CF española es tan amplio como desconocido y en él pueden encontrarse anomalías fascinantes que desafían los tópicos de su época. Una de ellas fue una muy breve serie de tres cuadernillos publicada por Hispano Americana de Ediciones y titulada “El Descubrimiento del Doctor Brande” o “Las Aventuras del Doctor Brande”, muestra de que en la posguerra sí surgieron tebeos con ambición y calidad. Aunque en su momento quedó inconclusa, hoy está considerada una obra muy relevante del comic patrio y uno de los mejores, si no el mejor, cómic de anticipación y aventura espacial de toda la producción española de la época.
La
publicación de la obra se sitúa en una horquilla temporal entre 1942 y
1943, un
momento especialmente sombrío de la historia española y europea. España se
encontraba sumida en la durísima posguerra civil, bajo los primeros años de la
dictadura del general Franco, en un periodo en el que el régimen mostraba una
fuerte sintonía estética y política con los totalitarismos fascistas de Benito
Mussolini y Adolf Hitler, en el marco de una Europa devastada por la Segunda
Guerra Mundial.
Este
cli
ma sociopolítico se filtró de manera inevitable en el trasfondo de la
historieta. La acción de “Doctor Brande” transcurre en el lejano año 2325, un
futuro en el que la Tierra está regida por un único gobierno global rígidamente
dividido en tres grandes estados basados en la segregación racial: uno para la
raza blanca, otro para la negra y un tercero para la amarilla. Una distopía, en
fin, de estados raciales puros -claro reflejo de las aspiraciones geopolíticas
y teorías raciales que el fascismo y el nazismo pretendían implantar en la
Europa de los años cuarenta.
La
trama arranca con el Doctor Brande, un eminente y canoso científico
que, desde
su laboratorio en la Tierra, logra un avance tecnológico sin precedentes:
conectar con otros mundos a través de un sofisticado aparato de televisión
interplanetaria. Al sintonizar el espacio, el doctor y sus jóvenes acompañantes
(los verdaderos héroes de acción de la historia, de aspecto atlético y
vestiduras que combinan la estética futurista y medieval muy al estilo del
Flash Gordon de la época) descubren un conflicto a escala cósmica. El gran
antagonista es Tarrano, un tirano implacable procedente de Venus que ha logrado
conquistar gran parte del sistema solar y mantiene bajo amenaza al planeta
Venia (una traslación del planeta Marte o de facciones espaciales libres). A
partir de ese descubrimiento, los protagonistas se ven envueltos en
una lucha
desesperada para frenar los planes de dominación del villano y liberar a los
pueblos oprimidos, alternando intrigas palaciegas espaciales, tecnología
futurista y combates cuerpo a cuerpo.
Aunque
se desconoce la identidad del guionista que adaptó la historia (este tipo de
omisiones eran habituales en los tebeos de la época, acreditándose tan solo al
dibujante), el argumento es una versión libre de la novela “Tarrano el
Conquistador”, escrita en 1925 por el autor estadounidense
Ray Cummings, antiguo
asistente de Thomas Edison y pionero de la literatura pulp de CF. Esa obra había
tenido un cierto impacto temprano en España cuando fue traducida y publicada en
los años previos a la Guerra Civil por la mítica colección “Novelas y Cuentos”.
Fue una de las escasísimas epopeyas espaciales a las que tuvo acceso el lector
español de la preguerra.
Pese a beber de estas fuentes literarias y de seguir formalmente la estela de las grandes aventuras espaciales americanas que habían fascinado al público español a través de las planchas del “Flash Gordon” de Alex Raymond (publicadas en la revista “Aventurero” de la editorial El Gato Negro), “El Descubrimiento del Doctor Brande” se distancia conscientemente de la space opera más ingenua y aventurera. Es, de hecho, una historia pausada de tintes apocalípticos.
En el
apartado visual, la obra destaca por una madurez conceptual asombrosa. La
estét
ica arquitectónica y el diseño de los escenarios futuristas que el
dibujante, Víctor Aguado, plasma en los fondos apuntan a inspiraciones tanto
del mencionado Raymond como apuntes tomados de la CF cinematográfica que se
hacía en Gran Bretaña por entonces, concretamente la muy influyente “La Vida
Futura” (1936), monumental película dirigida por William Cameron Menzies,
producida por Alexander Korda y basada en la obra de H.G. Wells. Aguado
introduce en sus páginas edificios, estructuras civiles, puentes y estructuras
grandiosas de líneas puras y monumentales, muy inusuales en el tebeo español de
consumo popular de aquel entonces.
Víctor
Aguado Soria fue un ilustrador catalán de extraordinaria calidad técnic
a cuya
producción en el mundo de la historieta fue, lamentablemente, muy escasa,
siendo estos tres cuadernillos de formato horizontal su incursión más brillante
y recordada. Aguado fue un todoterreno de las artes gráficas que ejemplifica a
la perfección cómo sobrevivían los dibujantes de la época, oscilando entre el
trabajo autónomo realizado en domicilio y los departamentos de publicidad
corporativa. Aguado realizó catálogos de moda, anuncios publicitarios,
cartelería, propaganda política durante la guerra, ilustración de cuentos
infantiles y portadas de novelitas populares, recetarios gastronómicos,
libretos de zarzuelas, dibujos técnicos para manuales prácticos, de divulgación
y deportivos, diccionarios…
“Las
A
venturas del Doctor Brande”, por tanto, no fue sino un encargo más con el que
ganarse la vida. La vocación de Aguado era el dibujo y la ilustración más que
la narrativa gráfica, un arte éste, además, peor pagado e incierto. De hecho, la
escasez de papel de la posguerra y las estrictas directrices de la censura -que
miraba con lupa cualquier contenido en la ficción puramente de evasión que no
encajara con los valores del régimen- dificultaban enormemente la continuidad
de colecciones que no fueran éxitos rotundos e instantáneos. Una vida efímera:
Debido a estas dificultades y probablemente a una recepción comercial discreta
en su
momento, la serie se canceló abruptamente tras solo 3 números.
Hoy, sin embargo, sirve de testimonio de cómo un creador polifacético y de sólida formación gráfica pudo volcar toda su experiencia acumulada en una diversidad de formatos y estilos para dar vida a una obra de ciencia ficción única que hoy forma parte de la historia de la cultura popular española y que sirvió tanto de reflejo de la mentalidad de una época como escaparate de imaginación vanguardista, elegancia arquitectónica y audacia temática.

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