A medida que la brecha entre Ciencia y Ciencia Ficción va reduciéndose año tras año, a muchos creadores les basta ya solo con escoger algunos elementos reconocibles de nuestra vida cotidiana y darles un pequeño empujón o inversión para que nosotros, espectadores, cuestionemos la cambiante y engañosa normalidad sobre la que cabalgan a toda velocidad nuestras vidas. Esto es precisamente lo que hace la coproducción polaco- checa-eslovaca-serbia, “Restore Point”, aunque su premisa principal gira en torno a algo mucho más profundo y, por el momento, inalcanzable.
En la Europa Central de 2041, la desigualdad no es cosa del
pasado. Todo lo contrario. Los problemas sociales se han agravado hasta el
punto de convertir en endémica la delincuencia violenta. Eliminar esas
desigualdades parece más complicado para el gobierno que desarrollar una
tecnología revolucionaria con la que puede resucitarse a personas fallecidas
prematuramente por causas violentas. La inventora de este procedimiento en dos
fases es una organización filantrópica llamada Instituto Rohan. La primera fase
es la reanimación del cuerpo, realizada mediante la inmersión en una especie de
gel reparador. La segunda es la reinstauración de los recuerdos en el cerebro
resucitado.
Esta
última parte es la más crítica, dado que, para que no
se produzca una disonancia fatal entre la edad percibida por el cerebro y la
real del cuerpo, no deben haber pasado más de 48 horas entre la muerte y la
“recarga” de la última memoria. Ese es el Punto de Reanimación del título. Esto
obliga a los ciudadanos a hacer copias de seguridad diarias en pequeños
dispositivos portátiles que, en caso de muerte violenta, serían utilizados para
alimentar el cerebro reanimado.
Sin embargo, no toda la sociedad está conforme con la nueva
tecnología y el cambio de mentalidad –una ilusión de inmortalidad- que la ha
acompañado
y que las autoridades fomentan. Una organización terrorista llamada
Río de la Vida está llevando a cabo una sangrienta campaña de atentados. Y uno
de esos asesinatos múltiples es lo que trata de impedir al comienzo de la
película la detective Emma Trochinowska (Andrea Mohylová). Ha seguido la pista
de un secuestrador que ha estado ejecutando sistemáticamente a sus víctimas –una
vez han traspasado su punto de reanimación- en un lugar blindado a los escaneos
externos. Haciendo caso omiso de las órdenes de esperar refuerzos, intenta
salvar las vidas que pueda, pero el asesino la elude y se suicida arrojándose
al vacío –en su caso, obviamente y dada la ideología del grupo terrorista en el
que milita, sin posibilidad de resurrección-.
Em tiene razones muy personales para perseguir al Río de la
Vida. Y éstos, a su vez y obviamente, tienen un interés especial en el
Instituto, a uno de cuyos empleados de alto nivel, el informático jefe Davi
d
Kurlstat (Matej Hádek) asesinan junto a su esposa. Esto se produce justo cuando
el Instituto se está preparando para privatizar sus servicios alegando la
necesidad de mejorarlos con servidores capaces de hacer copias de seguridad
continuas e instantáneas, almacenando las memorias en servidores centrales en
lugar de dispositivos individuales que pueden dañarse o perderse –o su
propietario olvidar hacer el volcado periódico-. Obviamente, hay quien sospecha
que ese movimiento va dirigido a modelar un sistema de reanimación a dos niveles,
obteniendo mejores servicios quienes estén dispuestos a pagar más (por ejemplo,
incluyendo en la reanimación nuevas habilidades anexas a los recuerdos, como
tocar un instrumento musical).
La situación se complica aún más cuando David, a quien se creía
muerto y sin un punto de restauración actualizado –su esposa,
inexplicablemente, no había hecho copia de seguridad en cuatro meses- reaparece
vivo aunque enfermo
. En realidad, es una copia imperfecta de aquél, reanimado
ilegalmente a partir de una versión desactualizada, lo que le está provocando
severos desequilibrios que con toda seguridad acabarán con su muerte. Antes de
que eso ocurra, sin embargo, le suplica a la detective que le ayude a destapar
una conspiración en el corazón del Instituto. La investigación les conducirá a
comunas rurales aisladas que existen fuera del sistema de reanimación y
revelará un extraño triángulo amoroso que une al asesino y la víctima. Emma,
además, debe colaborar a regañadientes con un detective de Europol, Martin
(Václav Neužil), aunque ninguno de los dos confía demasiado en el otro.
A la vista del resumen de la trama, muchos pensarán que
esta película no aporta nada demasiado novedoso. El cine y la literatura nos han
acostumbrado a la figura del detective solitario y decidid
o que se ve envueltos
en luchas de poder y corrupción protagonizadas por corporaciones y gobiernos, y
que para resolver el problema tenga que lidiar con dilemas éticos. Este
convencionalismo junto a otros del género negro están bien encajados en “Restore
Point”: un suspense in crescendo, una protagonista plausible (eficaz, fría pero
con un trauma que la corroe por dentro, solitaria, con un punto de rebeldía
ante la autoridad y unos valores morales claros), el veterano y gruñón jefe de
policía, el prepotente directivo con credenciales de villano estampadas en la
cara, el elegante detective que huele a doble juego….
Que todo esto resulte tan familiar ayuda a asimilarlo y
comprenderlo sin problemas para concentrarse en las ideas más ambiciosas que
plantea la película. Los dispositivos portátiles de almacenamiento de memoria y
la descarga de la misma en un cuerpo nuevo no son nuevos (ya aparecían en la
interesante novela “Carbono Alterado”, 2002), pero las cuestiones relacionadas
sobre la vida, la muerte, la presencia, la ausencia y la tecnología que las
relaciona, las conecta y las invierte, siguen siendo relevantes. Los avances
tecnológicos han puesto del revés certezas con las que las sociedades humanas
habían convivido desde que existe memoria.
En ese futu
ro, todo se torna incierto. Los Kurlstat, por
ejemplo, ya han sido trasladados a la morgue cuando Em llega al lugar del
crimen, pero donde estaban sus cuerpos se han colocado hologramas para que la
policía investigue la escena del crimen tal y como estaba. La gente está ahí y
no está; nada es seguro. Si alguien mata a otra persona, pero ésta resucita sin
mayores problemas, ¿es asesinato o una simple agresión? ¿Puede ser condenado
alguien por un crimen si, tras ser reanimado, la memoria que se le implanta no
contiene el recuerdo de ese acto? Si el cuerpo de alguien es destruido, por
ejemplo, en una explosión, pero su memoria pervive almacenada en un
dispositivo, ¿puede considerársele muerto? ¿El volcado de unos recuerdos, de
una personalidad, da como resultado alguien exactamente igual que el original?
Ahora bien, la película no aspira a ser una meditación
intelectual y filosófic
a sobre la vida, la muerte, la identidad y la memoria, sino
un thriller de acción, así que el guion opta por no explorar, por ejemplo, el
impacto físico y psicológico que tendría sobre alguien una reanimación tal. En
cierto modo, esto supone una oportunidad perdida, aunque tonalmente, la
película es clara y coherente.
Los efectos visuales de “Restore Point” son de primera
categoría, sumergiendo al espec
tador en una Europa plausible de un futuro cercano
donde los coches autónomos, las videollamadas holográficas y las lápidas
funerarias con imágenes digitales son de uso corriente. Cabe destacar el
trabajo del diseñador de producción Ondrej Lipenský por los paisajes urbanos que
combinan la arquitectura real de Praga con rascacielos tecno-brutalistas
magníficamente imaginados, muy similares a los megaproyectos de construcción de
China o los países del Golfo.
Como suele ser habitual en este subgénero de thrillers
distópicos, por un lado se presenta visualmente un mundo pulcro, austero y aséptico.
Por otro, los rincones más sórdidos y poco deseables que sostienen la fachada.
El guion d
osifica hábilmente la información, ofreciendo lo justo para pintar un
futuro convincente sin caer en excesos expositivos ni estancarse en los
detalles. Los personajes se sirven de la tecnología como lo hacemos nosotros: realizar
llamadas, pedir comida a domicilio o usar una aplicación para arrancar el coche
a distancia. Estando la acción ambientada a menos de veinte años en el futuro,
parecen haberse superado los miedos al uso de la IA y esa y otras tecnologías
avanzadas se contemplan como meras herramientas, tan útiles como inocuas en sí
mismas.
Hay un aspecto, no obstante, en el que esa fluida
construcción de mundos tropieza: el procedimiento mediante el que un cuerpo,
quizás herido de bala en la cabeza o mutilado de alguna otra manera, puede ser
revivido y restaurado rápidamente a su estado original. Esta decisión de
permanecer deliberadamente oscuro al respecto, tiene la peculiaridad de ser a
la vez inteligente y tremendamente frustrante. Inteligente porque cualquier
intento de justificarlo mediante tecnocháchara estaría destinado a sonar falso.
Y frustrante porque es un tema clave de la historia que no recibe una
explicación adecuada.
Hay una escena en la que unos médicos le devuelven la consciencia
al cuerpo de un niño muerto en un atentado. Sirve para resaltar los beneficios
y el atractivo de dicha tecnología; ya no hay muertes innecesarias e injustas. Ahora
bien, en estos casos, tanto el cuerpo como el cerebro pueden sufrir una amplia
variedad de daños: mutilaciones, infecciones, heridas internas, afecciones en
diferentes sistemas u órganos… que requerirían intervenciones de diferente
tipo. Y, sin embargo, mágicamente, el procedimiento del Instituto Rohan repara
el organismo dejándolo en su estado original. Pero, ¿y si ese cuerpo tuviera
problemas de salud previos, como un cáncer o una enfermedad crónica? ¿Los
curaría también esa piscina milagrosa que vemos hacia el final de la película?
Es un vacío difícil de explicar, sí, pero, como digo, crea en el espectador la
sensación de que la historia queda incompleta.
Relacionado con esto y trascendiendo la mera tecnología,
salvo unas pocas frases al comienzo, tampoco se profundiza en los factores que
llevaron al desarrollo del Punto de Reanimación. Des
conocemos cuál fue el
conflicto original, quiénes estuvieron involucrados o por qué la reanimación
pareció ser la única solución viable. ¿Por qué la sociedad ha asumido sin
rechistar que la resurrección de muertos por actos violentos es más deseable
que afrontar y resolver la problemática que ha generado esa violencia? Obviamente,
podemos estar de acuerdo en que casi cualquier muerte es trágica, pero ¿por qué
la solución debe ser revertirla? Y, si esa es la única respuesta posible, ¿por
qué debe privatizarse? ¿Acaso todos creen que una empresa siempre y en
cualquier circunstancia velará por nuestros intereses?
Afortunadamente, el guion de Tomislav Čečka, Zdeněk Jecelín
y Robert H
loz sí aborda este último tema, así como la responsabilidad de la
sociedad y sus instituciones, no solo por crear las condiciones para semejante
negocio, sino también por mantenerlo en funcionamiento. Una expresión que se
repite con frecuencia es la de “el bien común”, que siempre se utiliza como
excusa, una especie de ambigua declaración general que justifica de alguna
manera cualquier acto criminal en defensa de ciertos intereses privados.
En última in
stancia, lo que perjudica principalmente al
resultado final es el empeño del guion por resultar impredecible. Al forzar
giros constantes, reduce el abanico de sus propias posibilidades, lo que,
paradójicamente, disminuye el grado de sorpresa final y resta impacto a un
desenlace que se va viendo venir. Y es una lástima, porque la premisa suscita cuestiones
profundas sobre la ética de resucitar el propio cuerpo. Dado que la finitud de
la vida es precisamente lo que le otorga sentido, la posibilidad de un “reinicio”
diluye la trascendencia de ciertas decisiones a priori dramáticas.
Pese a estas flaquezas, hay que admitir que Andrea Mohylová
sostiene la película de principio a fin. Su interpretación de Emma Trochinowska
es muy sólida y sirve como ancla para el público. La actriz logra que aceptemos
su entorno con total naturalidad y que se perciba como plausible un mundo en el
que la resurrección es posible. Pero, sobre todo, da vida a una mujer que se
desvía más de lo esperable del estereotipo de policía impulsiva que dispara
primero y pregunta después. De hecho, es todo lo contrario. Sí, desenfunda su
arma y desafía con la mirada como es mandatario, pero a menudo duda y deja
escapar a demasiados sospechosos. Sin el trabajo de Mohylová, la cinta se
habría diluido definitivamente en lo convencional.
“Restore Point” es un neo-noir sólido y de factura elegante
que combina una idea intrigante, un misterio enrevesado y una fascinante construcción
de un futuro cercano. No innova ni tampoco responde a las fascinantes preguntas
implícitas a su premisa, pero aún así ofrece una historia ágil, cautivadora y
que va directa al grano, cumpliendo su cometido de forma satisfactoria. Además,
está lo suficientemente conectada con nuestro presente como para que incluso el
público no particularmente amante de la CF pueda entrar en ella sin demasiados
problemas.

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