(Viene de la entrada anterior)
Ni Godzilla ni King Kong necesitan presentación en el mundo de la cultura popular porque desde el mismo momento de su aparición (en 1933 y 1954 respectivamente), marcaron un antes y un después en aquélla. No puede decirse lo mismo de “Monarch: el Legado de los Monstruos”, la serie emitida por Apple TV+ que, de acuerdo con Legendary Entertainment –propietaria de los derechos- buscó capitalizar la fiebre por el "Monster-Verse" cinematográfico encargando el proyecto a Matt Fraction y Chris Black. En lugar de apostar por una premisa sencilla sobre la organización Monarca –presentada en “Godzilla”, 2014-, ambos creadores optaron por una estructura innecesariamente enrevesada: dramas familiares, saltos temporales, tramas amorosas y corporaciones enfrentadas. Todo esto, aderezado con apariciones fugaces de los verdaderos protagonistas: los monstruos.
A pesar de sus evidentes problemas, tras su estreno en
noviembre de 2023, “Monarch: El Legado de los Monstruos”, cosechó un éxito
considerable tanto en términos de crítica como de audiencia, posicionándose
durante meses entre los primeros puestos de los rankings de visualizaciones en
streaming. Esto garantizaba la renovación del acuerdo de la plataforma con
Legendary Entertainment, propietarios de los derechos de la franquicia, que,
además, mantuvo al frente a los creadores y showrunners Chris Black y Matt
Fraction –si bien este último ya sólo con la nebulosa acreditación de productor
ejecutivo-.
La segunda temporada se estrenó a nivel global el 27 de febrero de 2026 y concluyó su emisión de 10 episodios el 1 de mayo. Puede parecer que dejar pasar dos años y medio entre una temporada y la siguiente es demasiado. Y es que, efectivamente, lo es y por múltiples razones. La audiencia corre el riesgo de perder el hilo narrativo, olvidar detalles cruciales de los personajes o, simplemente, perder el interés. Esto obliga a los estudios a invertir en contenido extra (resúmenes, recapitulaciones) para intentar reconectar con el público. Además, las series, como cualquier producto de la cultura popular, viven del “boca-oído”, un fenómeno que pierde intensidad cuando los estrenos de cada temporada se espacian tanto en el tiempo. Teniendo en cuenta lo saturado que está el mercado de oferta audiovisual, ante la falta de novedades en una serie específica, el espectador suele dirigir su atención hacia otra, siendo difícil recuperarla cuando la espera llega a su fin.
Y eso son solo los riesgos y problemas a nivel de, digamos,
“usuario”. Pero en el campo de la producción también existen otros, como el
visible envejecimiento de los actores más jóvenes que rompe la verosimilitud
cuando el tiempo narrativo transcurrido entre una temporada y otra es muy
breve. Además, cuanto más tiempo pasa, es más probable que los actores
(especialmente si han ganado caché) renegocien sus salarios al alza o acepten
otros proyectos, lo que complica la agenda de rodaje y encarece el presupuesto.
Y claro, todo esto desemboca en una presión enorme por justificar la larga espera, esto es, el público espera una mejora cualitativa proporcional al tiempo que ha estado aguardando. Si la nueva temporada no supera o iguala la calidad visual o narrativa de la anterior, la decepción del aficionado es mucho más profunda.
Entonces, ¿por qué la segunda temporada de “Monarch” se
hizo esperar
tanto tiempo? En este caso concreto, la razón fue la complejidad
técnica inherente a su producción. Empezando, claro, por el trabajo de
postproducción relativo a los efectos visuales, que, habiendo muchos planos de
monstruos interactuando entre sí y con el entorno, son muy costosos en términos
de tiempo. A esto se añade que hay que coordinar, en tiempos de rodaje muy
específicos, a un reparto internacional en localizaciones complejas y muy
diversas. Y, por si fuera poco, conviene recordar, que la serie no es un
proyecto aislado, sino que está conectada con el universo cinematográfico de
Legendary Pictures. Esto implica que las decisiones de estreno a menudo deben
alinearse con la estrategia general de la franquicia, la disponibilidad de los
personajes icónicos y la gestión de los derechos de imagen entre Apple y
Legendary.
Sea como fuere, “Monarch” sobrevivió a su temporada
inaugural y estrenó una segunda…que no parece haber aprendido mucho de los
errores cometidos en la primera. Si en aquella los guionistas se habían
esforzado por equilibrar el espectáculo kaiju con el drama humano, esta segunda
entrega fracasa al intentar repetir la fórmula mezclando demasiadas prioridades
contrapuestas. El elenco se amplía, la escala aumenta y el presupuesto invertido
por Apple es suficiente para avergonzar a la gran mayoría de las películas de
Toho. ¿Pero para qué? Todos los artificiales conflictos interpersonales, los
giros abruptos de algunos personajes y las motivaciones poco claras impiden que
la narrativa cuaje de forma satisfactoria y, mayormente, estorba al espectáculo
monstruoso que el público espera ver.
La temporada retoma la historia justo donde terminó la
primera, con el grupo principal de protagonistas regresando del misterioso reino
de los Titanes bautizado como Axis Mundi. Cate Randa (Anna Sawai), su joven
abuela Keiko (Mari
Yamamoto, recién llegada de los años 50) y May (Kiersey
Clemons) han sido rescatadas sanas y salvas, aunque a costa de dejar atrás, en
el último momento, al anciano Lee Shaw (Kurt Russell), que se sacrifica por ellas.
Cate, atormentada, se zafa de la vigilancia del barco de Monarca que se
encuentra en las proximidades de Isla Calavera y se las arregla para reactivar
el portal que allí se abre con Axis Mundi, Y sí, su insensatez trae de vuelta a
Lee, pero también al temible Titán X, un monstruo tentacular y anfibio que pasa
a convertirse en una amenaza de categoría “Godzilla”. A partir de aquí, el
resto de la temporada se convierte en una carrera contrarreloj para evitar otro
"Día G".
La temporada puede dividirse en dos partes. Por un lado, seis episodios mediocres, desordenados, irregulares y con un ritmo deficiente. A continuación, cuatro episodios más conseguidos, emocionantes, emotivos y llenos de acción que representan lo que debería haber sido toda la temporada.
En general, los guionistas tienen problemas a la hora de
encontrar el equilibrio entre las tramas con los personajes del pasado y las
que transcurre
n en el presente. Una vez más, son las versiones de los años 50
las que resultan más cautivadoras, en contraste con los personajes modernos y
más jóvenes, considerablemente más insoportables. De hecho, uno de los mayores
problemas de “Monarch “sigue siendo la inmadurez de Cate y Kentaro Randa. Los
guionistas siguen tratándolos como si fueran niños y no adultos hechos y
derechos. Si bien su historia en la primera temporada era conmovedora, da la
sensación de que todo el progreso y la catarsis que experimentaron en ella no
sirvió para nada. Aunque ambos recuperan a su padre y a su abuela, siguen
actuando con la misma imprudencia e insensatez que al principio.
El único punto positivo es que Keiko (Mari Yamamoto) se incorpora
a la narrativa moderna, trayendo consigo gran parte del corazón, la emoción y
la intriga que predominaban en el pa
sado. Hay tanta química entre Bill Randa,
Keiko Miura y Lee Shaw que cualquier subtrama que se centre en sus cada vez más
enrevesadas relaciones resulta mucho más atractiva que los cretinos de sus
descendientes y protegidos. El problema, como en la primera temporada, es que
estos momentos son relativamente esporádicos a lo largo de los primeros seis
episodios, intercalados entre aburridas secuencias modernas, exasperantemente
lentas. Aunque sí hay momentos interesantes e incluso emocionantes, no hay nada
lo suficientemente consistente como para que resulte entretenido.
Esta segunda temporada tiene también problemas en otros
aspectos. Dado que la acción se sitúa en 2017, después de los eventos de
"Godzilla" de 2014, pero antes de cualquiera de las tres secuelas más
recientes del MonsterVerso ("Godzilla
: Rey de los Monstruos", "Godzilla
vs. Kong" y "Godzilla y Kong: El Nuevo Imperio”), no puede suceder
nada lo suficientemente importante que no fuera mencionado en esas entregas,
aunque sí se incluyen todo tipo de guiños y referencias poco sutiles sobre un vil
plan para controlar a los Titanes... lo cual se ve debilitado por el hecho de
que ya sabemos que esto fracasa estrepitosamente con Mechagodzilla en
"Godzilla vs Kong" (2021).
Pero la m
ayor deficiencia reside en otra parte. El misterio
del Titan X cobra bastante fuerza en los primeros capítulos, pero su interés
queda diluido cuando los personajes acaban estancándose en subtramas poco
inspiradas y aburridas: la creciente rivalidad entre Monarch y Apex
Cybernetics, un asalto de varios protagonistas a las instalaciones de esta
última y una conexión poco explicada y escasamente convincente entre Cate y el
Titan X.
Gran parte de la narrativa de los primeros seis episodios es
tan intrascendente que lo más probable es que se borre de la memoria tan pronto
aparezcan los créditos. Incluyen, eso sí, un concepto interesante: que los
personajes del pasado y del presente se encuentren con este Titán X en sus
respectivas épocas, lo que nos permite conocerlo a través del tiempo; una idea
atractiva en teoría, pero a la que no se da ningún desarrollo emocionante
(salvo un gran momento en la última parte de la temporada). Hay un par de
subtramas que sirven de hilo conductor a lo largo de estos episodios, pero
también personajes que prácticamente no cumplen función alguna. Uno de ellos es
May, y no debería sorprendernos, ya que adolecía del mismo problema en la
primera temporada: ausencia de arco propio y utilización puntual para solventar
alguna necesidad de la trama general. Y en cuanto a Kentaro, es difícil
recordar a un personaje que, en el curso de unos pocos episodios, pase de ser
tan inútil que resulta invisible, a un auténtico necio. Al principio, se limita
a flotar por la historia aprovechando simplemente su conexión familiar con
otros personajes. Es aburrido de ver, una pérdida de tiempo, pero al menos no
resulta ofensivo. Luego, los guionistas lo transforman en un idiota
insoportable que trasciende al nivel de odioso en los últimos episodios.
En cuanto a las criaturas y las batallas a gran escala,
esta temporada es más floja que la anterior. Entiendo que el objetivo de la
serie es centrarse en los hu
manos, pero la primera temporada manejó muy bien a
Godzilla al centrar la historia en él sin que fuera la solución a todos los
conflictos. Se insinuaba que Kong tendría un papel importante en esta segunda
tanda de episodios, pero, salvo en el primer y último capítulo, está
prácticamente ausente. Es un elemento argumental mal gestionado en el arranque
de la temporada, lo que da como resultado menos secuencias de acción. Entiéndaseme
bien, esas escenas son visualmente impresionantes, a veces adoptando una
perspectiva humana y otras la de un Titán. Mi queja es que son escasas y
breves. Incluso una de ellas es en un sueño de Kentaro, la forma más perezosa
que tuvieron los guionistas de admitir que se dieron cuenta de que hacía tiempo
que no le daban algo de movimiento a la historia. Eso sí, los últimos cuatro
episodios están repletos de acción, con los dos últimos ofreciendo secuencias
fenomenales –aunque no llegan a compensar la lentitud con la que estiran la
historia a lo largo de los diez capítulos-.
La primera mitad de la temporada es tan irregular en cuanto
a historia y ritmo, que, a menos que se sea muy
afín al material, resulta
difícil engancharse. La serie deja claro que no sabe muy bien qué hacer con sus
personajes más allá de la misión colectiva de impedir una devastación masiva “jugando”
con los Titanes. Solo cuando, en los cuatro últimos episodios, la historia
finalmente se centra en su nuevo monstruo, la temporada logra remontar gracias
a un giro radical, como si hubieran sido escritos por un nuevo equipo creativo,
porque si bien no puede calificarse de sobresalientes, sí suponen un salto
adelante en cuanto a ritmo y emoción.
El arco argumental de estos capítulos finales está mucho
más centrado
y es más intenso, dramático y emotivo en lo que respecta a los
personajes del pasado (y su presencia en la actualidad). Todavía se arrastran algunos
fallos, pero el ritmo es constante y la historia, por fin, avanza hacia un
objetivo claro: la inclusión de Kong. Estos episodios tienen aliento épico y
trascendente, mientras que los precedentes parecen extraídos de una serie más
mediocre. El resultado es un desenlace emocionante y explosivo que cierra la
historia y deja con ganas de más, pero también preocupa por la posibilidad de
que la siguiente temporada sea más de lo mismo.
¿Es posible sobreescribir una serie sobre un grupo de
insignificantes humanos atrapados entre un lagarto radiactivo, un mono gigante
y un calamar monstruoso y descontrolado? "Monarch" parece haber
encontrado la manera de hacerlo. La crítica más recurrente en muchas de las películas
de "Godzilla" o "King Kong" es que los humanos nunca
resultan lo suficientemente interesantes como para que el espectador se
identifique con ellos y le importe su destino, limitándose a ser meros adornos
y víctimas potenciales para las batallas contra y entre los kaiju. La serie de
Apple TV+ parece tomarse en serio esta crítica por otra parte fundamentada,
pero cae en el extremo opuesto.
Lo que podría haber sido una memorable aventura de
monstruos, con una acción deslumbrante y un reparto estelar que otorgue un
auténtico peso a la trama, se estanca debido a un instinto narrativo
bienintencionado pero, en última instancia,
equivocado. Estoy seguro de que
muchos espectadores habrán entrado en la serie esperando ver a los Titanes
sembrando el caos a diestro y siniestro, para encontrarse con una estirada y no
demasiado apasionante cacería lastrada por un melodrama excesivo. En teoría, es
positivo que "Monarch" sea un programa capaz de profundizar en el
Monsterverso y darle un basamento “científico” (con "firmas
acústicas", "frecuencias de resonancia" o dilatación del tiempo),
a la vez que ofrece una exploración adulta de cómo ciertas personas pueden
tener espacio en sus corazones para amar a más de una pareja la vez, el dolor
de la paternidad/maternidad perdida, el trauma por estrés postraumático y su
efecto sobre la identidad, los conflictos éticos o los problemas
intergeneracionales. Pero, en la práctica, todo cuaja en una mezcla de tonos
que, conforme avanza la serie, acaba rozando lo desconcertante cuando no lo
absurdo a base de introducir nuevos traumas y forzar giros poco convincentes en
los personajes y sus lealtades.
A diferencia del Universo Cinematográfico Marvel, que solo
cuenta con sus actores para un número limitado de apariciones según contrato,
Godzilla y King Kong no son miembros del Sindicato de Actores, así que pueden ser
recreados digitalmente siempre que el presupuesto lo permita. El problema es
que sobreexponerlos en la serie indefectiblemente conduciría al cansancio del
público. Por lo tanto, si las entregas cinematográficas se venden con la
promesa de batallas épicas, ¿cuánta presencia de los monstruos resulta
aconsejable en una serie de televisión? La respuesta la encontramos en la
segunda mitad de esta segunda temporada. El tan esperado regreso de Godzilla
mantiene al espectador en suspenso… hasta que sale del mar para atacar al Titán
X. La cámara apenas lo enfoca mientras entra en un combate que termina casi tan
pronto como empieza. Incluso los personajes se irritan porque no se quede más
tiempo.
De manera similar, una aparición más sustancial de Kong en
el episodio final se filma casi por completo
desde el suelo, mostrando a los
personajes humanos tratando de sobrevivir al caos que levantan las extremidades
del Titán. Es una perspectiva interesante, pero también demuestra que la serie
no tiene interés –o dinero- en mostrar demasiado a Kong. En cambio, la cámara
siempre enfoca al Titan X, una creación original de Legendary Pictures, que,
como he dicho, posee los derechos de Godzilla, Kong y otros personajes
relacionados. Siendo un monstruo de su propiedad, el Titan X puede ejercer de
sustituto de Godzilla y Kong para evitar una sobreexposición de éstos. Esta táctica
del “sucedáneo” no es necesariamente mala porque el arco emocional que aquí lo
acompaña es de lo que mejor funciona en la temporada, pero sí nos recuerda que
la serie y las películas juegan en ligas diferentes.
En otro orden de cosas, hay un poco sutil velo de ingenua nostalgia
en la descripción contrapuesta que se da de las dos instituciones interesadas
en los Titanes. Pese a sus siniestros tejemanejes en la primera temporada,
ahora Monarch viene a ser el equivalente a la NASA; Apex Cybernetics, por su parte,
es una empresa privada que remite a SpaceX, solo que en lugar de ejecutivos
mediáticos está dirigida por mujeres ambiciosas y manipuladoras, como Brenda
Holland (Dominique Tipp
er) o Isabel Simmons (Amber Midthunder), dispuestas a
retorcer la verdad para atraer a su campo a personajes como May o Kentaro. Mientras
que la misión declarada de Monarch es "Descubrir y Defender", Apex
está preparada para hacer cualquier cosa que genere beneficios, ya sea
diseccionar monstruos o abrir portales con el Axis Mundi para explotar sus
recursos. La primera es como la Academia de la Flota Estelar de Star Trek: se
nos pide que creamos que es una institución esencialmente honesta y recta, aunque
la evidencia de nuestro mundo demuestre que todas las agencias gubernamentales
tienen pecados y agendas poco confesables. La segunda, al menos, no miente
respecto a sus objetivos. Es una lástima que, quizá más por miedo que por
incapacidad, los guionistas prefieran la simpleza y los antagonistas
estereotipados a profundizar en el subtexto político o la crítica a ciertas
dinámicas capitalistas.
En cuanto
a las interpretaciones, Mari Yamamoto sigue
siendo el alma de esta historia, tanto en las tramas del pasado como en las del
presente. Es la fuente de cada giro argumental y hace un trabajo excelente
interpretando ambas versiones de su personaje, una que ha sufrido mucho más
estrés y dolor que la otra. A lo largo de la temporada, transmite a la
perfección las dificultades emocionales y cognitivas de Keiko mientras se
adapta a un mundo desconocido, propiciando la empatía del espectador con su tristeza
y desconcierto. Completan el elenco estelar Anders Holm (Billy), Kurt Russell,
con su carisma del Hollywood de la vieja escuela, y su hijo Wyatt. Todos dan lo
mejor de sí mismos y contribuyen enormemente a la carga emocional y la intriga
dramática de la serie. Las interacciones entre estos actores son el pilar del
programa; tanto es así que, sin sus arcos argumentales, probablemente la serie
no habría sobrevivido a su primera temporada.
Anna Sawai recibió algunas críticas en la primera temporada
por u
na actuación regular, pero la verdad es que ha mejorado bastante, quizá
por la química que tiene con Yamamoto, pero, sobre todo, porque ha mejorado
mucho como actriz. Entre las dos temporadas de “Monarch”, interpretó a la noble
Lady Mariko en la miniserie histórica “Shōgun” (2024), producida por FX, papel
que le valió un amplio reconocimiento crítico y diversos premios, incluyendo un
Emmy, un Globo de Oro y un premio del Sindicato de Actores. Considerada ya una
de las mejores actrices emergentes, la temporada se esfuerza por mantener a su
Cate Randa en el centro de la acción, pero resulta ser otra víctima de una
serie que se dispersa demasiado. Su liberación accidental del Titan X, se
presenta como una fuente de culpa y trauma que la persigue a cada paso, pero
los guiones apenas le dan a Sawai algo más que hacer que lamentarse y salir al
paso del monstruo cada vez que tiene ocasión. Su repentino “superpoder”, esa "sensibilidad"
indefinida que mencionaba antes, la convierte en una especie de médium de
Titanes, pero incluso esto parece un intento desesperado por darle algo que
hacer.
También m
erece destacarse a Joe Tippett, quien convirtió a
uno de los personajes más impopulares del inicio de la serie en uno de los más
divertidos y entrañables. Su energía y carisma aportan presencia a un personaje
que, sobre el guion, es de lo más soso. Por último, Ren Watabe (Kentaro), aun
teniendo en cuenta lo mal que lo trata el guion, su actuación difícilmente
puede ser más insípida y apática. Parece en todo momento aburrido, cansado de
estar allí –y no hablo de la personalidad de su personaje-. Cada emoción que
expresa la transmite con la misma voz monótona, plana y sin vida. Una de las
mejores elecciones que podrían haber tomado los creadores habría sido la de
cambiar al actor o eliminar al personaje.
La segunda temporada de “Monarch”, desafortunadamente, es
un encadenamiento de oportunidades perdidas. Bien podría ser ésta una de las
series más caras del panorama actual y, desde luego, visualmente es
deslumbrante (mención especial para los directores de fotografía Ben Nott y
David Burr). También merece la pena destacar la eléctrica y pegadiza banda
sonora del compositor Leopold Ross. Sin embargo, al carecer de un pegamento
adecuado que lo cohesione todo, el programa queda en un punto muerto.
En resumen, la segunda temporada de “Monarch: Legado de
Monstruos” es, en general, peor que la anterior, pero también es verdad que remonta
hacia el final y concluye con
una intensidad inesperada. La primera parte es
irregular, carente de foco y bastante plana, siendo su único interés los
personajes del pasado y algunos momentos muy conseguidos. Si se logran superar
esos primeros capítulos, podrá obtenerse la recompensa de una segunda mitad
emocionante y conmovedora. Que el esfuerzo merezca la pena, depende exclusivamente
de cada espectador. Y, en cualquier caso y a mi parecer, la serie sigue
superando en interés y calidad a las últimas entregas cinematográficas del
MonsterVerso.
A fecha de hoy, no existe confirmación de que Apple TV haya
dado luz verde a una tercera tempora
da. Como ya expliqué al inicio, dado que el
proceso de producción de una serie de esta escala requiere mucho tiempo, no es
inusual que la plataforma tarde varios meses en tomar una decisión oficial. Pero,
aunque no se ha confirmado su renovación o cancelación, el universo
MonsterVerse sigue expandiéndose con otros proyectos, como el spin-off centrado
en el joven Lee Shaw (que contará con el regreso de Wyatt Russell), lo cual es
una señal de que Apple sigue apostando por la franquicia.

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