viernes, 19 de junio de 2026

2024- WONDLA (y 3)




(Viene de la entrada anterior)

 

La tercera temporada de “WondLa” debería haber sido una conclusión épica para el viaje de Eva, un final de trilogía con gran carga emocional, una resolución temática satisfactoria y la sensación de que cada momento había estado preparando el terreno para ello. En cambio, con solo seis episodios para cerrar una historia ya de por sí compleja, el ritmo se desmorona bajo su propia ambición.

 

Para complicar aún más las cosas, estuvieron los movimientos entre bambalinas. La colaboración de Skydance Animation con Apple terminó antes incluso de que se emitiera la última temporada, y John Lasseter, una figura aún controvertida desde su salida de Disney, seguía siendo alguien de quien los estudios se distanciaban discretamente. No sorprende que “WondLa” termine aquí: todo, fuera y dentro de la serie, apuntaba a que, incluso de haberlo deseado, ya no había posibilidad de continuarla.

 

La consecuencia es una temporada que intenta cerrar todo en una carrera contrarreloj. Los momentos que debían ser pilares emotivos de la historia -reencuentros, despedidas o sacrificios- pierden su peso dramático. Al no tener el "aire" necesario para respirar, estas escenas parecen más un trámite, un mero eslabón en la cadena argumental que el espectador apenas tiene tiempo de procesar antes de ser arrastrado al siguiente. Por las mismas razones, las revelaciones que deberían haber sacudido los cimientos de la historia son más "checklists" de guion que giros transformadores. Debido al rápido ritmo que ya venía imponiendo la serie y el recorte en cuanto al número de episodios, la trama se impone sobre el desarrollo de los personajes, por lo que las motivaciones de éstos parecen más dictadas por la necesidad de avanzar hacia el final que como consecuencia natural de su evolución psicológica previa. Y, además, esa rapidez hace que se pierda la sensación de escala: el peligro no parece tanto una amenaza existencial como un obstáculo que superar.

 

Otro gran problema de esta temporada final es la cantidad de eventos que dependen de la suerte. Los personajes no se ganan los descubrimientos, simplemente se topan con las personas exactas que necesitan en el momento preciso. Por ejemplo, en el primer episodio y medio, Eva 9 se aleja, salva a una criatura y, por casualidad, se encuentra con Arius, un vidente que le da inmediatamente la información que necesita. Momentos después, ve humo a lo lejos y, mira tú por dónde, allí resulta estar su mejor amigo esperándola. Más tarde, vemos a los personajes adentrarse en el bosque donde se encuentran inmediatamente con Otto, de nuevo sin tensión, búsqueda ni esfuerzo. Una conveniencia tras otra.

 

Las primeras temporadas ya tenían atajos evidentes, como el chicle con el que se traducía cualquier idioma, pero había suficiente espacio narrativo para que esas conveniencias resultaran detalles entrañables en lugar de problemas estructurales. Por el contrario, en la tercera temporada, con solo seis episodios y mucha leña que cortar, no hay respiro entre los atajos.

 

Esta temporada de cierre introduce también un nuevo patrón cogido por los pelos y casi cómico: de repente, todos tienen un hermano o hermana. Y no uno cualquiera, sino una contrapartida moralmente “buena" de los antagonistas que Eva ha ido conociendo en su viaje. Estos hermanos aparecen uno tras otro exactamente de la misma manera: Eva se los encuentra, asume que son las personas que ya ha conocido, pero al instante se da cuenta de que, en realidad, son los hermanos del villano y que están ahí para ayudar. ¡Qué casualidad!

 

La intención es obvia: presagiar la dualidad entre Eva Ocho y Eva Nueve, reforzando la idea de que incluso los villanos tienen versiones espejo de sí mismos que podrían haber tomado decisiones diferentes; que, ante los mismos problemas, una simple elección puede convertir a alguien en héroe o villano. Es una idea que, si no nueva, sí es interesante. El problema es que para explorarla se requiere un tiempo del que los guionistas no disponen. En lugar de presentarse como un simbolismo ingenioso, la rapidez y repetición acaba haciendo que el espectador piense: "Vaya… ¿este también tiene un hermano/a sorpresa?".

 

Nada tiene tiempo de asentarse correctamente. Ocurren giros dramáticos trascendentales en los que la serie apenas se detiene lo suficiente como para que el espectador los asimile. Por ejemplo, la transformación de Eva Ocho en una especie de Darth Vader. En lugar de sentirse como un giro devastador para un personaje al que hemos acompañado y puede que incluso simpatizado, su caída se convierte en un simple punto más en una larga lista de cosas que suceden rápidamente.

 

A todo el mundo le encanta ese gran momento de las historias de aventuras en el que los héroes están acorralados, toda esperanza se ha perdido y, de repente, un personaje querido aparece para cambiar las tornas. Es un recurso que, utilizado adecuadamente en tiempo y forma, funciona, aporta emoción y alivio. Pero cuando se recurre a ello cada pocos minutos, termina por convertirse en un deus ex machina perezoso que transforma lo heroico en casi cómico. Y eso es lo que ocurre aquí: no hay tiempo para construir el suspense porque cada momento peligroso se ve inmediatamente neutralizado por algún salvador que aparece en el momento justo.

 

Por ejemplo, hay un momento en que Eva 9 está realmente en peligro. Lo mejor que hubieran podido hacer los guionistas por ella es encontrar la forma de que se salvara sola. Y sí, lo hace, demostrando su fuerza e ingenio…brevemente. Porque poco después, una amiga (que había abandonado al grupo apenas diez minutos antes en el mismo episodio) regresa para salvarla de otro peligro. Se presenta como un regreso triunfal, pero el impacto emocional se ha esfumado. En lugar de ser un acto heroico, se siente predecible, perezoso y extrañamente carente de emoción.

 

El vínculo de Eva con la Fuente, el Corazón del Bosque, había sido un misterio fundamental a lo largo de las temporadas anteriores: su capacidad para hablar telepáticamente con los animales, su empatía, su transformación espiritual y física al final de la segunda temporada… todo ello apuntaba a un destino trascendental. Sin embargo, en la temporada final, prácticamente no se aborda ese aspecto. Despierta de su letargo, encuentra a sus amigos por pura casualidad y salva el día sin haber utilizado jamás su conexión con la Fuente de forma significativa. Lo único que se suponía que la hacía única se vuelve irrelevante. Incluso necesita un animal que la guíe hacia la Fuente porque no puede encontrarla por sí misma. Luego, en los momentos finales, cuando se supone que debe sacrificarse y regenerar el planeta… otra persona ocupa su lugar, alguien, además, sin ninguna conexión pasada o presente con la Fuente. Una decisión que socava dos temporadas de desarrollo y deja una pregunta en el aire: ¿cuál era el sentido de todo ello? ¿la redención de un personaje secundario?

 

Y hablando del desenlace, llegamos por fin al clímax hacia al que han confluido los veinte episodios. Todos los personajes que hemos conocido están luchando por sus vidas en una guerra total que estalla repentinamente, y Eva debe emprender el camino final sola. Una avalancha de rocas crea muy convenientemente el clásico momento de "ahora debes caminar sola". El problema es que no lo hace. Una vez más, justo cuando todo parece perdido, la salvan unos animales alienígenas con los que entabló amistad al principio de la historia y que ahora despejan la avalancha para ayudarla. Debería sentirse como una recompensa emocional y un cierre de ciclo: la empatía y bondad que ella había ofrecido siempre, ahora, en el momento crucial, tiene su recompensa. Pero como la temporada ha abusado tanto de estos momentos de rescate, apenas se percibe como tal.

 

Y ya, para colmo, el golpe final: Eva pierde a alguien querido, solo para que éste resucite unas escenas después. Un momento que resume toda la temporada.

 

Al analizar las dos temporadas anteriores de esta serie, la palabra que siempre me ha venido a la mente ha sido "básico": parece el esqueleto de una buena historia, pero carente de piel, músculo, tejido u órganos. Hace una década, los veinte episodios de “WondLa” se habrían agrupado en una sola temporada, lo que quizá les habría dado a los guionistas una idea más clara de cómo estructurar el conjunto en cuanto a ritmo, dosificación de la información y desarrollo de trama y personajes. Pero al fragmentar la historia en tres temporadas y limitar la duración de los episodios a veinte minutos, queda muy poco espacio para dar auténticos matices a los personajes y el mundo en el que se mueven más allá de un puñado de clichés. El resultado es que parece una serie cualquiera de aventuras, sin nada que destaque de forma memorable ni lleve a desear verla de nuevo en un futuro.

 

¿Es una temporada que pueda calificarse de auténtico desastre y de la que es mejor prescindir? No diría tanto. Si se llegado hasta aquí tras las dos primeras temporadas, ver cómo termina no supone demasiado esfuerzo en términos de tiempo y, al menos, ofrece una conclusión cerrada. Pero eso sí, no se espere una narrativa excepcional ni arcos emocionales satisfactorios. Recurre a clichés que hemos visto innumerables veces y no los desarrolla mejor que sus predecesoras. El ritmo es frenético, las conveniencias argumentales excesivas y las resoluciones vacías.

 

Al menos, cuenta con un sustrato moral y un mensaje claros y dirigidos a su público objetivo: el respeto a la Naturaleza, por supuesto y, sobre todo, los peligros de caer en el tribalismo y los prejuicios, ya que esto solo conduce a la destrucción y el miedo. Mensajes apropiados para cualquier tiempo y lugar, pero especialmente pertinentes en los tiempos que corren (y resulta irónico si tenemos en cuenta que la serie, ya lo dijimos, proviene de Skydance Animation, que en 2025 compró Paramount para usarla como brazo propagandístico de la administración Trump).

 

 

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