jueves, 7 de mayo de 2026

2000- SUPERNOVA – Walter Hill


Hay proyectos que parecen condenados al fracaso desde su mismo comienzo. Ese fue el caso de “Supernova”, un thriller de ciencia ficción de MGM con un presupuesto de 65 millones de dólares que comenzó como un libreto que el guionista William Malone escribió por su cuenta bajo el título "Dead Star". Con cinco guionistas (tres acreditados), al menos la misma cantidad de directores (ninguno acreditado), numerosas demandas potenciales y una historia de producción más misteriosa e intrigante que cualquier cosa que se vea en la propia película, "Supernova" podría ser la producción más problemática de la historia del cine de CF.

 

Estrenada en enero de 2000, fue acreditada al director "Thomas Lee", el equivalente del siglo XXI al Alan Smithee de tiempos anteriores (aquel mismo año el Sindicato de Directores anunció la retirada de ese veterano seudónimo), esto es, el alias ficticio que aparece en los créditos de decenas de películas y series de televisión de las que el verdadero director reniega y de las que exige la retirada de su nombre. En realidad, el realizador acreditado debería haber sido Walter Hill, coproductor de la saga "Alien" y director de películas como "Límite: 48 Horas" (1982) o “El Último Hombre” (1996). Pero cuando "Supernova" desapareció engullida por un agujero negro de polémicas y disputas, Hill abandonó el proyecto, y, tras la incorporación de dos directores más (entre ellos Francis Ford Coppola, miembro de la junta directiva de MGM), se decidió endosarle el muerto al inexistente Thomas Lee.

 

A pesar de la afirmación de Malone de que la película "ya comenzó con problemas", su concepción fue, en realidad, mucho menos dolorosa que su producción. En 1990, el guionista presentó el proyecto al productor independiente Ash R. Sha ("Doble Dragón", 1994) de Imperial Entertainment. Entonces titulada "Dead Star", el film fue concebido como una historia futurista de rescate, de bajo presupuesto y conducida por el equipo responsable de la anterior película que había escrito y dirigido Malone, un híbrido de ciencia ficción y terror de perfil bajo titulada “Creature” (1985). "Tuve la idea de convertir la película “Calma Total” en una de ciencia ficción". El guion original trataba sobre la primera nave espacial equipada con propulsión bidimensional, que descubría artefactos de una civilización alienígena y se disponía a traerlos a la Tierra cuando ocurren una serie de sucesos. Entre las cosas que la tripulación encuentra, hay un portal a la Muerte, un lugar físico. Este portal, situado en un mundo distante llamado Daveros, es en realidad una sofisticada máquina alienígena conocida como el "Thanatron". "Era capaz de reanimar a los vivos y abrir una puerta al mundo de los muertos, específicamente al Infierno", explicó Malone. "Unos astronautas demasiado entusiastas ponen en marcha la corrosiva máquina -corrosiva para la mente- y, sin saberlo, liberan a Satanás a bordo de su nave".

 

A Shah le gustó "Dead Star" y le dio luz verde a Malone para que contratara a H.R. Giger, el artista conceptual suizo ganador del Oscar gracias a "Alien" (1979), para producir una serie de ilustraciones de preproducción con las que esperaban generar expectación y asegurar la financiación del proyecto, cuyo presupuesto oscilaba entre cinco y seis millones de dólares. Como Giger escribió más tarde en su libro "H.R. Giger's Film Design" (1996): "(Malone) había escrito la historia él mismo, una especie de "Hellraiser" en el espacio, cuya premisa era que la humanidad se encontraba con una máquina alienígena capaz de llevarla, literalmente, al infierno. Ya había hecho algunos diseños para ella, pero me dejó a mí el auténtico "príncipe de las tinieblas del cosmos". Por su parte, Malone recordaría: ​​"(Giger) iba a diseñar al Diablo, y se le ocurrieron algunos bocetos brillantes. Pasé diez días trabajando con él en Suiza, y fue simplemente increíble. Fue genial trabajar con él.

 

Malone admite que le resultó difícil contener la imaginación del artista mientras trabajaba con él en su casa. “Entre la multitud de cuadros apilados contra paredes negras, criaturas alienígenas de fibra de vidrio y muebles extraños, las ideas fluían a toda velocidad. A menudo, a Giger se le ocurrían tantas ideas geniales que yo tenía que frenarlo para que algunas no se perdieran en el momento”. Al regresar a Los Ángeles, Malone siguió recibiendo por fax una gran cantidad y variedad de dibujos. “Entre los diseños que creó se encontraba el "Fragmento", el dispositivo clave del Thanatrón, capaz de resucitar a los muertos; el Thanatrón en sí, con la apariencia de un manojo de tubos de órgano en descomposición, y, sobre todo, un Satanás de múltiples caras con su manto de almas vivientes”. Giger también realizó dos pinturas a todo color que acabaron utilizándose en anuncios publicitarios.

 

De hecho, aunque Giger cobró por su trabajo la suma de 10.000 francos suizos, no volvió a saber nada del asunto hasta mayo de 1995, cuando la reproducción de una de sus pinturas conceptuales, “Dead Star”, apareció en un folleto promocional de Imperial Entertainment para una película titulada "Supernova". La imagen iba acompañada de una sinopsis de la historia que, según Giger, sugería "una versión mucho más simplificada del guion que me había atraído al proyecto", sin los "fuertes elementos sobrenaturales" del original. Si bien Giger figuraba como "diseñador conceptual", el nombre de Malone no aparecía en los créditos, y cuando el artista publicó algunas de sus ilustraciones de "Dead Star" al año siguiente, se preguntó qué rumbo tomaría la película. "Si finalmente se realiza”, escribió, "tendré curiosidad por ver si se ha conservado algo más que mi nombre. ¿Se convertirá la película en una supernova?". ¿O llegará a ser una "Estrella Muerta"? ¿Seré yo el afortunado, o será Bill Malone?

 

Tal y como fueron las cosas, ninguno de ellos fue el afortunado. “Había mucha expectación en torno al guion”, dijo Malone, “pero nadie se animaba a producirlo. Después, le perdí la pista hasta que supe que United Artists lo había comprado. Contrataron a otros guionistas para trabajar en la película”, añade, refiriéndose a David Campbell Wilson (“El Mañana Nunca Muere”, 1996) y Daniel Chuba, y a los colaboradores no acreditados Cathy Rabin y Thomas Wheeler, “y entonces la película fue evolucionando hasta convertirse en algo diferente”. Como explicó Chuba, “Bill Malone es un excelente guionista e hizo un trabajo magnífico. Nos gustó la dirección que había tomado y sugerimos algunos cambios importantes”. Él mismo escribió cuatro borradores sucesivos del guion, que entonces se contemplaba como vehículo para el posible debut como director de Jami Dixon, uno de los socios de Chuba en Hammerhead Films, una compañía de efectos especiales cuyos créditos incluían “Batman Returns” (1992), “Spawn” (1997) y “Titanic” (1997).

 

Sin embargo, para el cuarto borrador, el presupuesto que exigía el guion hacía que la participación de Dixon como director ya no se consideraba factible. "Lo miráramos como lo miráramos, estábamos claramente por encima de la marca de los 20 millones de dólares", explicó Chuba. "Esa era la zona en la que Jamie podía dirigir la película. No tenía sentido presionarlo y que su carrera dependiera de este proyecto. Podría convertirse en la historia de un director novato al que se le dio demasiada libertad. Así que pasó a ser productor conmigo". Según Chuba, la absorción de United Artists por MGM podría haber dejado en el limbo durante varios meses a la película anteriormente conocida como "Dead Star" si la presidenta de UA, Lindsay Doran, no la hubiera apoyado. "Ella nunca vio esto como otro "Armagedón" o "Perdidos en el espacio". Se inspiró en la ciencia ficción clásica, la ciencia ficción inteligente como "El Planeta de los Simios", "Rumbo a lo Desconocido" o "La Dimensión Desconocida".

 

Sin embargo, Doran sí consideró que el guion seguía necesitando mejoras y contrató a David Campbell Wilson para escribir una nueva versión. "Es difícil que te rechacen", admitió Chuba posteriormente. "Tienes dos opciones: discutir con ellos y evaluar su decisión: ¿saben lo que quieren o simplemente están improvisando? O, siendo nuevo en esto, podrías decir: 'Es su dinero, su película. Ya lo han hecho antes. Han presentado buenos argumentos. Veamos qué sucede'". Finalmente, Chuba optó por la prudencia y se mantuvo como productor mientras Wilson reescribía el guion una vez más. "No sentimos que estuviéramos haciendo concesiones artísticas", afirmó Chuba. En cierto modo, buscaban facilitar el reparto de la película. Era una cinta de terror bastante concisa, pero no se centraba en los personajes. Querían que éstos estuvieran más desarrollados, y David Wilson llegó y lo consiguió.

 

Tras considerar como posible director al ex ejecutivo de MGM Joe Mimzicki, el estudio encontró un candidato más adecuado en Geoffrey Wright, cuya película "Romper Stomper" (1992) había recibido excelentes críticas e impulsado la carrera de Russell Crowe en Hollywood. A principios de 1997, la revista "Dreamwatch" informó que la película comenzaría a producirse en verano, y afirmó que "Supernova" “se centraba en Jack Conner y la Dra. Erin Rider, comandante y jefa médica de la nave de rescate espacial Nova 17, básicamente una sala de emergencias en el espacio. Cuando la nave recibe una llamada de socorro emitida a muchos años luz de distancia, la única forma de intentar un rescate efectivo es atravesar el espacio bidimensional, aplanando la nave y su tripulación y cortando el espacio tridimensional como una navaja. Al aparecer al otro lado de la galaxia, encuentran el casco agonizante del "Imperion", una vieja nave de carga a punto de ser absorbida por un agujero negro formado por el colapso de una estrella. El único superviviente de la nave, Anton Mason, sube a bordo de la Nova 17 con una historia aterradora sobre lo que ha ocurrido. Pero, ¿se puede confiar en Mason, o esconde un secreto aún más horrible que el infernal relato que cuenta?”

 

A finales de 1997 y principios de 1998, conforme avanzaba la preproducción, la historia y los personajes experimentaron tantas mutaciones como la sustancia grimosa hallada a bordo del Imperion -renombrado Nightingale 229 en la versión filmada-. Tantos cambios, en fin, como directores acabaron pasando por el proyecto.

 

Apenas cinco semanas antes de que comenzara el rodaje principal y a causa de una diferencia sobre algún punto del guion, Wright abandonó la producción dejando la película en el aire. "Nos gustó su sensibilidad", comentó un diplomático Dan Chuba en una entrevista, "pero baste decir que, al final, su visión de la película no era la versión que el estudio quería hacer. Era muy agresivo en la forma en que quería filmarla", agregó, señalando que una de las sugerencias más extravagantes de Wright había sido la de rodar toda la película en gravedad cero.

 

A pocas semanas de que una posible huelga del Sindicato de Actores amenazara con paralizar la producción, el ejecutivo de MGM, Jeff Kleeman, animado por el actor James Spader, ya elegido para el papel principal, contrató a Walter Hill para que se hiciera cargo de este tren en rumbo de descarrilamiento. Hill comentaría más adelante: "Fue un poco inusual. Simplemente me llamaron y leí el guion. Obviamente, no lo habría hecho si no me hubiera gustado la historia, pero, al mismo tiempo, creía que podía contarse de otra forma. Así que les presenté mi versión y les dije que, si podíamos hacerlo a mi manera, estaría dispuesto".

 

Aunque el aumento del presupuesto pudo haber llevado a MGM a exigir que la película tuviera una clasificación para todos los públicos, quienes trabajaban en ella consideraron que la motivación de Hill para cambiar el tono, pasando de una película de terror para mayores de 18 años a un thriller psicológico para mayores de 13, parecía ser el distanciarse de su anterior producción, "Alien". A pesar de haber descrito la historia de "Supernova" como "una nave espacial recibe una llamada de emergencia por una circunstancia misteriosa y, en el proceso de investigarla, se ve envuelta en una situación desesperada de vida o muerte", insistió en que era "algo así como lo opuesto a Alien" debido a la inteligencia de su principal antagonista. "El monstruo Alien era increíblemente aterrador porque era la forma de vida más primitiva posible. Solo quería comer y reproducirse; no tenía otras ambiciones". En "Supernova", sin embargo, "el extraño a bordo de la nave se encuentra en el extremo opuesto del espectro, porque se trata de una inteligencia que probablemente está muy por encima de las capacidades humanas".

 

Hill también buscó traer la historia al presente, de modo que los eventos que el público descubre durante el transcurso del film en los primeros borradores fueran vividos en primera persona por la tripulación del Nightingale 229. "En cierto modo, la historia habría estado bien para otra persona, pero no era la forma en que yo elegiría contarla. Tal como la habían planteado, la mayoría de los actores principales conocían la historia previa y, por lo tanto, se la explicaban al público. Me pareció que lo único que hacían era sentarse a hablar de ello. En una de las reuniones dije: 'No quiero hacer una película sobre lo que pasó hace diez años'". Con este fin, Hill y Chuba trabajaron juntos en otra versión de la historia, entregando páginas de notas a David Wilson, quien, según Chuba, "adoptó incansablemente y con entusiasmo nuestra nueva dirección y escribió otro borrador del guion a cinco semanas del inicio del rodaje". Cathy Rabin se incorporó al equipo para desarrollar los personajes.

 

Sin embargo, con los decorados ya construidos y casi todo el reparto confirmado, estos ajustes de última hora pusieron al equipo -incluidos el diseñador de producción Marek Dobrowolski, el diseñador de criaturas Patrick Tatopoulos y el supervisor de efectos visuales de Digital Domain, Mark Stetson- bajo una presión adicional. Como explicó Tatopoulos: "Llegué con mis conceptos preparados para Geoffrey Wright, entré en la sala y enseguida me di cuenta de que lo que había hecho antes no encajaría con Walter Hill... Geoffrey es un joven rebelde, de pelo largo. Walter tiene mucha experiencia en el sector. Es un tipo completamente diferente, y parte de mi trabajo como diseñador consiste en comprender al director".

 

Y, efectivamente, a pesar de la inminente fecha de estreno, Hill ordenó que se rediseñaran y reconstruyeran los decorados para tener más espacio para desarrollar la historia. A tal efecto, rechazó casi todos los storyboards, lo que llevó al supervisor de efectos visuales Mark Stetson a recurrir al ilustrador conceptual de "El Quinto Elemento", Sylvain Despretz. Este recordaría: "Me llamaron y me dijeron: "Tenemos un problema. Esta película es un completo desastre". Me pidieron unirme y tratar de unificar el diseño con el apartado de efectos visuales. Estaban en un estado de tal confusión y desperación que aceptaron cualquier cosa, así que en ese momento Mark Stetson mantuvo a algunos de los artistas que quería conservar, contrató a su propio grupo y, básicamente, se hizo cargo de todo el departamento".

 

La producción dio finalmente comienzo el 13 de abril de 1998, con Angela Bassett, Robert Forster, Lou Diamond Phllips, Peter Facinelli y Robin Tunney completando el reparto junto al mencionado James Spader. El estudio, sin embargo, siguió protestando ante el número de planos de efectos especiales exigidos por Hill y acabó recortando casi la mitad de ellos. Troy, el personaje interpretado por Facinelli, por ejemplo, estaba originalmente previsto que se transformara en una criatura grotesca e inhumana de ojos rojos y prominentes venas azules. Empezaron a rodar esas escenas, pero el estudio les dijo que al actor no podía reconocérsele tras tanto maquillaje y que lo eliminaran, por mucho que todos los involucrados creyeran que tal supresión privaba de sentido al final.

 

Para gran frustración del director y su equipo, resultó que MGM apenas había comenzado a rehacer la película a su antojo. Se eliminó una compleja secuencia de efectos especiales en la que Spader realizaba un emocionante rescate en gravedad cero dentro de una burbuja gigante de agua. También se eliminó un sofisticado robot médico operado a distancia, introduciendo a cambio un ridículo androide humanoide vestido con un traje de aviador y al que un crítico describió como "una mezcla entre Kryten en “Enano Rojo” y Woody Allen en 'El Dormilón'". Finalmente, tras pasar catorce semanas en la sala de montaje y diez supervisando los efectos especiales, Hill fue despedido tras otra disputa con el estudio.

 

Tras la partida de Hill, se realizó una proyección de prueba que acabó siendo un desastre y a raíz de la cual MGM, intentando salvar la película, llamó al director Jack Sholder ("Hidden") para que reeditara el material de su predecesor. Según declaró éste en una entrevista: "Me dijeron que mucho de lo que yo hice se quedó en el montaje final. No creo que pasara lo mismo con el de Walter. Volvimos a montar prácticamente todas las escenas de la película". Sholder también reinstauró metraje inicialmente descartado en el que se mostraba al personaje de Robert Forster siendo grotescamente deformado durante el hiperimpulso. Tatopoulos explicó: "Su cuerpo estaba extendido en todas direcciones. Sabíamos que se mejoraría con el CGI". Hill había cortado casi toda la secuencia, evidentemente pensando que no funcionaba. "No estuve de acuerdo con él", agregó Sholder. "Hill también dijo que no había manera de que el personaje de Forster pudiera sobrevivir al accidente, algo en lo que tampoco coincidía con él".

 

Sholder también alteró otras dos escenas significativas, incluido el final, en el que el personaje de Peter Facinelli vuelve a la vida después de una enorme explosión. "Eso siempre me pareció ridículo, y planeé volver a filmarlo. Sin embargo, nunca pareció molestar a ninguno de nuestros espectadores de prueba”. También intentó rescatar al ridículo robot, añadiendo algunos diálogos en la postproducción que ayudaran a explicar su extraña apariencia y su andar arrastrando los pies: "Al capitán le encantan los objetos del siglo XX, así que lo vestimos como un piloto de combate de la Primera Guerra Mundial. Lo llamamos 'Fly Boy'. La historia es que se estrelló y se quemó, y de ahí viene su cojera". Como explicó Sholder, "Tenía un aspecto y se movía de forma tan estúpida que lo presenté con una frase que insinuaba que la tripulación lo hacía parecer ridículo para proporcionar alivio cómico a bordo. De esta manera, esperaba dar a entender que los cineastas estaban al tanto de la broma".

 

Cuando la versión de Sholder obtuvo los mismos pésimos resultados en las proyecciones de prueba, MGM supuestamente se reunió con Hill para discutir su propuesta de regrabar ciertas escenas, invirtiendo otros 5 millones de dólares. Sin embargo, reacio a seguir malgastando dinero, el estudio se negó, y Hill abandonó el proyecto definitivamente. Una tras otra, las posibles fechas de estreno fueron pasando en el calendario hasta que se recurrió a Francis Ford Coppola, miembro de la junta directiva de MGM, para que empleara un millón de dólares adicionales en su propio remontaje. "Espero que mi experiencia en la industria cinematográfica haya ayudado a mejorar la película y a solucionar algunos de los problemas causados ​​por la pérdida del director", declaró. Una de las principales contribuciones de Coppola fue un extraño intento de acentuar la relación romántica entre James Spader y Angela Bassett colocando digitalmente sus cabezas sobre los cuerpos desnudos de Peter Facinelli y Robin Tunney en su escena de amor en gravedad cero… ignorando el “detalle” de que Bassett es negra y Tunney blanca.

 

Al final, el montaje de Coppola no tuvo mejor acogida que los de Hill y Sholder. Tampoco logró la esperada clasificación PG-13, y la película fue reeditada una vez más. Finalmente, sin proyecciones previas al estreno y con escasa publicidad, "Supernova" se estrenó en Estados Unidos el 17 de enero de 2000, casi dos años después de lo originalmente anunciado. Con una decepcionante recaudación en el estreno de 6,7 millones de dólares, la película ganó apenas 14 millones en total, menos de una cuarta parte de su presupuesto, y eso sin contemplar el coste de las copias y promoción. La crítica tampoco quedó impresionada. "Entertainment Weekly" la describió como "una frustrante mezcla de saltos lógicos, jerga tecnológica impenetrable, acción rutinaria y ni un solo efecto especial destacable". Este último comentario resulta particularmente sorprendente, dado que a los periodistas que asistieron a una rueda de prensa de Digital Domain en febrero de 1999 se les mostraron casi cuarenta minutos de lo que uno de los asistentes describió como "planos con efectos de cámara en movimiento absolutamente vanguardistas". Por su parte, el portavoz de Digital Domain, Bob Hoffmann, declaró a "Premiere": "Entregamos nuestro trabajo en “Supernova” a tiempo y dentro del presupuesto. Y lo que es más importante, estamos muy orgullosos de lo que hicimos”.

 

Con un director acreditado, Thomas Lee, tan ficticio como la premisa de la película, y el elocuente silencio de Walter Hill garantizado como parte de su acuerdo de rescisión de contrato con MGM, la historia completa tras la producción de "Supernova" quizás nunca llegue a conocerse. Sin embargo, aunque, obviamente, el DVD no contiene un comentario del director, las escenas eliminadas que se incluyen como extras sí arrojan algo de luz sobre lo que se perdió durante los distintos montajes.

 

Y, al final de todo este accidentado recorrido, ¿qué es lo que nos encontramos en la película?

 

La nave médica de rescate Nightingale recibe una llamada de auxilio de la colonia minera Titán 37. Allí, la tripulación encuentra a un único superviviente, Troy Larson (Peter Facinelli), hijo de la antigua amante del jefe médico de la nave. Sin embargo, Larson ha sufrido una misteriosa transformación a causa de un artefacto alienígena que él mismo lleva a bordo. Este objeto contiene sustancia proveniente de la novena dimensión, capaz de transformar la materia ordinaria de maneras absolutamente extrañas e incluso de aniquilar el universo entero. Una vez a bordo, Larson logra dejar varado al piloto en la superficie del planeta y comienza a asesinar al resto de la tripulación uno por uno.

 

A veces, los críticos son como los paparazzi: les encanta abalanzarse sobre el hedor de un desastre como si fuera carroña y destrozarlo. Lo mismo ocurrió con la problemática “La Isla del Dr. Moreau” (1996). Cuando se estrenó, esta película jamás llegó a tener la oportunidad de ser analizada y criticada independientemente de los problemas que lastraron su producción. Algo parecido ocurre, a la postre, con “Supernova”: no es tan horrenda como podría inferirse de la historia que he narrado sobre su producción y las críticas que le llovieron.

 

Ciertamente, la trama “se inspira” demasiado en “Alien”, con la que tiene excesivos puntos en común: secuencias de hibernación; una llamada de auxilio de un planetoide que no es lo que parece inicialmente; un huevo encontrado en ese lugar que, al abrirse, comienza a infectar a la gente y causar la muerte de la tripulación; una IA con personalidad femenina cuya incapacidad para superar parámetros de programación estrictamente definidos provoca graves problemas durante las emergencias… Si bien la premisa es poco original, como puntos a favor pueden citarse un presupuesto de primera división y un director al mando tan competente como es Walter Hill. De hecho, si se mirara con mayor objetividad, “Supernova” bien podría calificarse como más ambiciosa que la mayoría de los clones de “Alien”.

 

El comienzo, al menos hasta la llegada del huevo, es absorbente. Las primeras escenas a bordo de la nave rebosan de una autenticidad asombrosa. Se puso mucho cuidado en hacer que el lenguaje científico pareciera creíble. Algunas de las secuencias de efectos especiales -la caída en el pozo gravitatorio del planetoide, el aterrizaje de Nick Vanazant (James Spader) en la superficie y la incursión en el complejo minero- están ejecutadas con gran verosimilitud. Walter Hill se mueve con tanta facilidad dentro y alrededor de la deslumbrante maqueta de la nave espacial como si estuviera allí mismo, en el espacio. Hill también filma la mayoría de las escenas de diálogo en primeros planos ajustados al estilo televisivo, y todos los personajes hablan en susurros deliberadamente bajos, lo que contribuye a crear una atmósfera de tensión. Y cuando la historia comienza a introducir giros tan inesperados como la transformación del capitán Marley (Robert Forster) en una deformidad viviente mutada, parece que, por fin, la trama empieza a tomar direcciones extrañas, nuevas y fascinantes.

 

Por desgracia, esto nunca llega a materializarse. Poco después de que Troy Larson llegue a bordo de la nave de rescate, “Supernova” degenera en un encadenamiento de clichés extraídos de “Alien” y “Calma Total”. Peter Facinelli tiene incluso el mismo aspecto de pómulos prominentes y ojos entrecerrados que Billy Zane, el psicópata de la segunda cinta. La atmósfera inicialmente absorbente nunca llega a cuajar del todo; se insinúa que Marley entró deliberadamente en la cámara de hipersueño a sabiendas de que estaba dañada, pero nunca se descubre nada más al respecto.

 

Aunque la ciencia es verosímil, se utiliza como débil apoyo para justificar una trama de película de serie B, en lugar de una historia que se atreva a emplear algunas de las ideas alucinantes que ofrece la auténtica ciencia de vanguardia. El huevo, a pesar de hablarse de materia de novena dimensión matemáticamente plausible, sigue siendo el equivalente en ciencia ficción a un MacGuffin hitchcockiano: una pequeña caja negra cuyo único propósito es desatar al monstruo y amenazar con destruir el universo.

 

Lo más decepcionante es que las escenas de persecución, otra vez copiando el estilo “Alien”, no llegan a nada. Walter Hill, capaz de crear secuencias de acción de primer nivel, desaprovecha al máximo su potencial. Por eso, uno tiende a pensar que si Hill hubiera dirigido “Alien” en vez de “solo” producirla y coguionizarla, nunca se habría convertido en el clásico que es

 

Así que, al final, “Supernova”, habida cuenta del perfil de los involucrados tanto en el apartado técnico como artístico, resulta una decepción, una versión mediocre de lo que podría haber sido una buena película pero que se quedó en una serie B con pretensiones.

 


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